30 de septiembre de 2026

9/30/2026

Nuestra debilidad en las manos del Señor todo suficiente

Nuestra debilidad en las manos del Señor todo suficiente

Por Victoria Salas

El Señor ve la aflicción y reconoce nuestra angustia, debilidad, frustración y amargura. Él nos dará gracia en nuestra dependencia humilde a Él.

¿Qué hago cuando no puedo con todo?

Dios le dio una provisión de gracia a Moisés, así como a nosotras en la persona de Cristo, junto al Espíritu Santo, dador de toda consolación y capaz de guiarnos en cualquier circunstancia que atravesemos (Ex 3:1 al 4:17, NBLA).

Moisés llevaba cuarenta años pastoreando las ovejas de su suegro Jetro en Madián luego de haber huido de Egipto. Hasta que, a sus ochenta años, siendo un «don nadie» y viviendo una vida ordinaria, el Dios de sus padres —el Dios de Su pueblo— interviene en su historia. Se le revela para enviarlo a hablar con el Faraón y liberar al pueblo de Israel de allí. A través de este pasaje veremos el carácter compasivo y misericordioso de Dios, quien vio y oyó el clamor de Su pueblo y proveyó un camino seguro.

Esta tarea sobrepasaba humanamente a Moisés; Egipto era una potencia mundial. Por eso, presentó cuatro objeciones al llamado del Señor, las cuales nos muestran mucho de su corazón:

  • La insuficiencia (Ex 3:11): Cuestiona su capacidad para la tarea que tendría por delante.

  • La vulnerabilidad (Ex 3:13-18): Supone que no creerán en su palabra, así que le pide a Dios una revelación de Su nombre para tener respaldo por si alguien duda.

  • La falta de fe frente al rechazo (Ex 4:1-5): Aunque Dios le promete que hallará gracia a los ojos de los egipcios, Moisés sigue dudando.

  • La incapacidad percibida (Ex 4:10-17): El Señor muestra su extraordinario poder, pero, como es de esperarse del ser humano, aparece una última excusa sobre su dificultad para hablar.

Ante esto, con una santa ira, el Señor le muestra quién es Él. Al mismo tiempo, Su compasión permanece, porque nuestro Dios ya había provisto todo lo necesario para que Moisés cumpliera Su propósito. Moisés contaba, en primer lugar, con la compañía del Gran «Yo Soy» y con Su poder, que era quien lo enviaba. Además, el Señor le entregó la vara como señal, le dio la compañía de su hermano Aarón y lo respaldó con milagros extraordinarios. De esta manera, Moisés pudo llevar adelante la misión de liberar al pueblo, y Dios fue glorificado.

Las respuestas de Moisés revelan cómo es nuestro propio corazón al no confiar en lo que el Señor nos habla. En diferentes circunstancias, ¿nuestras respuestas no son parecidas? ¿Las dudas no son las mismas?

«Señor, ¿Quién soy yo para hacer esto o aquello?». «¿Cómo lo voy a hacer si no puedo con todo?».

Aparece nuestro pecado queriendo arruinarlo todo, pero el Señor es lento para la ira y grande en misericordia. Él provee la gran salida de gracia: Cristo. Esto nos recuerda que lo que le sucedió en Éxodo a un hombre débil es lo mismo que nos pasa a nosotras ahora. Somos tan necesitadas de Él hoy como en aquel entonces, incluso para afrontar las cosas cotidianas, pues sin Él nada podemos hacer (Jn 15:5).

A veces me levanto y lo primero que veo son los platos de la noche anterior todavía en la pileta, como si mi cocina hubiera explotado. Otras veces me falta valor para compartir el evangelio con alguien, otras veces siento que las responsabilidades ministeriales me abruman, o me descubro intentando alcanzar un estándar imposible que me impone el pecado de mi perfeccionismo. También me encuentro en medio de la adaptación a ser una esposa recién casada, buscando cumplir mi rol y honrar a mi esposo. En fin… Pueden ser distintas las situaciones en nuestras vidas, pero en todas ellas mi corazón —así como el tuyo, mi hermana amada— debe correr a la verdad del evangelio mostrada en Éxodo y a lo largo de todas las Escrituras hasta el día de hoy: el «Yo Soy» perpetuamente estará con nosotras (Ex 3:12).

Jesús lo afirma en Mateo 28:20. Esta promesa es para aferrarnos a ella, enfrentar las angustias de la vida o la cotidianeidad, y gozarnos en que no somos suficientes por nosotras mismas ni necesitamos ser una «supermujer». En el transcurso de la historia, Moisés fue descrito por Dios como un hombre muy humilde, más que todos los hombres sobre la tierra (Nm 12:3). Esto nos sirve como ejemplo de que, en nuestro servicio al Señor, en cualquier área de la vida, no es necesario que nuestro nombre tenga reconocimiento, sino el Nombre que es sobre todo Nombre.

El Señor ve, oye y se compadece del clamor de Su pueblo; ve la aflicción y reconoce nuestra angustia, debilidad, frustración y amargura. Él nos dará gracia en nuestra dependencia humilde a Él (Stg 4:6).

¿Intentas vivir esta verdad?

Nota de gracia: Recuerda que para el Señor nunca pasamos desapercibidas; Él conoce todos nuestros temores, dudas y debilidades. Si te ha llamado a vivir para Él en cualquier situación en la que te encuentres, querida hermana, el Espíritu Santo te capacitará y estará contigo todos los días hasta el fin.

Victoria

Acerca del autor

Victoria Salas

Victoria Salas, está casada con Jeremías Salas. Sirvió durante casi cuatro años en el ministerio de mujeres de IBM Villa Gesell, colaborando en el estudio bíblico y en la elaboración de recursos para el discipulado. Actualmente es miembro de IBM CABA.

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