12 de agosto de 2026
8/12/2026

Por Juan Carlos de la Cruz
Lectura Base Proverbios 23
Proverbios 23 contrasta la sabiduría con la necedad, centrándose de manera especial en la juventud al abordar tres cuestiones fundamentales:
La obsesión por las riquezas: En lugar de perseguir el lucro a toda costa, el texto manda adquirir la verdad, el juicio y la sabiduría.
El desenfreno en los placeres y la promiscuidad sexual: Seguir los impulsos de la carne —representados en la relación con la ramera— constituye un sendero tan peligroso como la muerte.
La inmersión en los vicios: Simbolizada en el vino y la embriaguez.
Las expresiones más visibles de la necedad
Estas representan las tres expresiones más visibles de la necedad en el ser humano:
Ambicionar la riqueza sin importar el costo.
Ceder al desenfreno sexual, entendido el diseño divino como la unión exclusiva entre un hombre y una mujer.
Caer en vacíos existenciales y adicciones, tales como los juegos de azar, el alcohol o las drogas.
La verdadera sabiduría y la regeneración espiritual
La vida del justo, piadosa y santa, posee un distintivo inconfundible. Únicamente la regeneración espiritual, producto de la conversión a Cristo, capacita al ser humano para vivir en la piedad y la verdadera sabiduría bajo el temor del Señor.
El ser humano arrastra una naturaleza inclinada al mal desde la propia concepción. Con el paso del tiempo, esa tendencia pecaminosa se manifiesta con claridad. Si bien en la infancia suele pasar desapercibida —aunque en algunos casos ya se asoma—, la única solución para esta condición humana es la fe en Jesucristo. Al creer en Él, la persona es regenerada y queda liberada de la incapacidad con la que nació para agradar a Dios.
Una transformación integral
A partir del instante en que se deposita la fe en Jesucristo como Señor y Salvador, se produce una transformación integral:
La mente es transformada, inclinándose en una dirección diametralmente opuesta a la que seguía antes de la fe.
Los afectos se reorientan hacia los deseos santos, al mantener la mirada puesta en Jesús.
La voluntad es influenciada por este nuevo conocimiento y por afectos renovados.
La praxis (la acción) se alinea por consiguiente con este nuevo camino.
De este modo, Cristo se convierte en el camino nuevo y vivo, en la verdad que inunda al creyente y en la vida que lo habilita para obrar el bien y el amor verdadero.
Reflexión final: ¿Tienes a Cristo en tu corazón?
Lo comprobarás en tu entendimiento, en tus afectos y en tu obrar, tal como afirmó Jesús: «Por sus frutos conoceréis a los hombres».

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